¿Te suena el término “criolipólisis?
Es un tratamiento estético no invasivo y no indoloro que se utiliza para reducir la famosa “grasa localizada” mediante la aplicación de frío.
¿Cómo funciona?
Las células grasas es lo que llamamos adipocitos. Los adipocitos son más sensibles al frío que otros tejidos. El aparato tiene un aplicador que enfría la zona de forma controlada (entre menos cinco y menos diez grados) en un período de unos 45-60 minutos. Una vez que hemos llegado al punto crítico de frío, se produce la muerte celular. En las semanas posteriores se irán eliminando estas células a través del sistema linfático, y de esta manera la grasa de la zona se va reduciendo gradualmente. Los resultados se empiezan a notar en 3-4 semanas, y se recomienda constancia para obtener buenos resultados a largo plazo.
¿Qué tipo de grasa se elimina realmente?
Se elimina principalmente grasa subcutánea blanca, que es la que está justo entre la piel y el músculo, formando pliegues.
La grasa acumulada en zonas de abdomen bajo, cartucheras, costados y parte interna del muslo tiene adipocitos más grandes muy sensibles a las bajas temperaturas.
Suele tener mejor efecto cuando la grasa es blanda, el pliegue se puede succionar bien con el aplicador, y la grasa subcutánea tiene un espesor de 2 a 5 cm.
Pero no es un método reductor que funciona por sí mismo.
¿Es suficiente el uso de la criolipólisis para perder grasa?
No.
La criolipólisis ayuda a potenciar la pérdida de grasa. Pero para que eso ocurra debemos encontrarnos en fase de pérdida de grasa, y eso lo vamos a conseguir a través una adecuada alimentación.
Cuando estamos perdiendo grasa, los adipocitos están reduciendo su tamaño, mientras que con la criolipólisis se produce muerte celular y por tanto, el número de adipocitos se reduce.
Entonces, ¿dieta, o criolipólisis?
Pues si combinamos ambas cosas el resultado puede ser muy positivo, ya que la criolipólisis va a ser mucho efectiva cuanto más pequeños sean los adipocitos. Por tanto, la criolipólisis debe ser un tratamiento estético que acompañe una correcta alimentación.
Durante las semanas posteriores al tratamiento nos interesa reducir inflamación, y para eso ayuda mucho beber bastante agua, entrenar o caminar aumentar la ingesta de proteínas adecuadas, grasas saludables y fibra.
Conviene reducir alcohol, ultraprocesados, azúcares simples, grasas trans y dietas hipercalóricas, ya que favorecen la inflamación, la formación de grasas y la retención de líquidos, y esto puede ocultar o disminuir el resultado del tratamiento y dar sensación de estancamiento.